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desde diversos enfoques, es concebido como “representación”, “simbolización”, “mentalización” y “alfabetización”. En consecuencia, en lugar de concebir la interpretación únicamente como el seguimiento de las asociaciones del paciente cargadas simbólicamente en el análisis de las defensas o en el develamiento de los contenidos reprimidos, Levine considera también situaciones dominadas por estados mentales no representados o débilmente simbolizados y articulados, en las que las intervenciones del analista pueden tener que tomar la delantera creando las condiciones para la producción de asociaciones significativas y cargadas simbólicamente. Dicho trabajo guarda estrecha relación con la promoción, catalización o co-creación del proceso de “figurabilidad psíquica” de Botella y Botella (2005) y de la “transferencia sobre el habla” de Green (1999, 2002). Eva Papiasvili Papiasvili incorpora la teoría del código múltiple de Bucci (2005) y los hallazgos neuroanalíticos contemporáneos sobre el trauma temprano y la memoria (Schore 2003; Balbernie 2001; Mancia 2006) en su marco freudiano contemporáneo inclusivo con acentos ferenczianos (Ferenczi, 1949b), para desarrollar el trabajo analítico constructivo y reconstructivo con pacientes aguda y crónicamente traumatizados, con historia de perturbaciones tempranas en el apego y la separación- individuación, y con impedimentos para el funcionamiento simbólico. La secuencia incluye traducciones-transformaciones interpretativas metafóricas “en movimiento continuo”, entre distintos dominios experienciales , desde modos de experiencia prepsíquicos y presimbólicos ( enactive , somatosensoriales, viscerales) hacia el simbolismo inconsciente de los sueños y, finalmente, hacia el simbolismo preconsciente del lenguaje (Papiasvili 2014, 2016, 2019; Papiasvili y Mayers 2017). Dicho trabajo puede constituir un punto de encuentro con algunas de las conceptualizaciones de la transformación de Wilfred Bion y André Green (Grotstein 2008; Green 2008), así como con las conceptualizaciones de Mancia (2006) sobre lo “no recordado” y lo “aún no simbolizado”, que aparece primero en una prosodia del lenguaje y en experiencias viscero-sensoriomotoras, emergiendo solo gradualmente en los sueños, y con la “experiencia actuada compartida” ( l’expérience agie partagée ) de los enactments transferenciales-contratransferenciales de Godfrind-Haber y Haber (2002), que potencia los “saltos simbólicos” dentro del campo transferencia- contratransferencia. Se entiende que, al igual que todo sistema experiencial, también el sistema verbal-comunicativo atraviesa su propio desarrollo. Los lenguajes de la primera infancia son concebidos como estrechamente vinculados a la sensación corporal y a las experiencias concretas. Por ello, las propias interpretaciones implican una “metaforización” de palabras “no simbolizadas”, congeladas en la concreción por razones evolutivas o traumáticas.
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