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“1) El papel del analista dentro de una concepción más amplia de la contratransferencia, incluyendo su propia elaboración imaginativa, (2) la función del encuadre analítico y su relación con el funcionamiento mental, tal como lo muestra el proceso de simbolización” (Green 1975, p. 2). En esta línea, propone una definición más amplia de la contratransferencia, que no solo considera los efectos de las emociones del analista, sino que también incluye su funcionamiento mental, influido por su formación profesional y cultural. Además, para estos pacientes, el encuadre analítico es fundamental, debido a la constancia, la contención y la privacidad que proporciona: “4. La atención prestada al encuadre analítico y al funcionamiento mental intentó estructurar las condiciones necesarias para la formación del objeto analítico a través de la simbolización, teniendo en cuenta la intervención del tercer elemento, que es el encuadre, en la ‘ relación dual ’.” (ibid., p. 18). El trabajo de simbolización solo es posible cuando el encuadre permite “el nacimiento y el desarrollo de una relación de objeto” (ibid., p. 11). Green describe el funcionamiento psíquico de estos pacientes basándose en diferentes aspectos de los procesos psicoanalíticos, destacando lo siguiente: “(1) Las experiencias de fusión primaria dan fe de una confusión entre sujeto y objeto, con un desdibujamiento de los límites del sí mismo. (2) El modo particular de simbolización deriva de una organización dual entre paciente y analista. (3) Está presente la necesidad de integración estructural a través del objeto.” (ibid., p. 6). Desde este punto de vista, se encuentran diferencias tanto en el proceso de simbolización como en los mecanismos de defensa utilizados. En pacientes con problemática psicosomática prevalecen las formaciones no simbólicas como la “exclusión somática” (Green 1975, p. 6) y/o la “expulsión mediante la acción” (ibid., p. 6). En los pacientes límite, donde prevalece la organización dual, Green señala la escisión y la equiparación, pero no la simbolización (utilizando lo que Segal denomina “ecuaciones simbólicas”). Estos pacientes necesitan un objeto analítico capaz de proporcionarles las funciones estructurantes de las que pueden carecer. Green habla de “las conexiones internas de la simbolización. Ligan los diferentes elementos de una misma formación (en sueños, fantasías, pensamientos, etc.) y de las formaciones, asegurando simultáneamente la continuidad y la discontinuidad de la vida psíquica” (Green 1975, p. 14). Para quienes están más cerca de la regresión fusional, la tarea del analista consiste en ligar “lo informe de forma significativa” (ibid., p. 11). Lo amorfo pueden ser impresiones o sensaciones que el analista elabora en su psique antes de poner en palabras el afecto. Esto se aplica a pacientes con una estructuración psíquica mínima, “pero suficiente para movilizar todos los patrones de pensamiento del analista, desde
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