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V. Ba. Emilio Rodrigué (Argentina) Inspirado en la obra clásica de Melanie Klein y Ernest Jones, Rodrigué (1966), en su artículo “La naturaleza y función de los símbolos”, define la simbolización como: “…un proceso vital activo, siendo la estructura básica para las operaciones mentales cada vez más complejas del adulto; en caso de patología del símbolo, toda la actividad psíquica sufre” (1966, p. 95). En opinión del autor, pensamos y sentimos con símbolos; es más, nuestra capacidad para operar con símbolos es una función psíquica básica. Los símbolos pueden ser utilizados de diferentes maneras, y la simbolización abarca desde signos afectivamente cargados que se convierten en réplica del objeto original hasta la tremenda abstracción que subyace al lenguaje matemático. Rodrigué se pregunta: “¿cómo se expresa el contenido a través del símbolo?” (p. 95), y propone una serie de pasos conducentes a la simbolización para responder a esta pregunta. Ilustra esta comprensión con el material clínico de Raúl, un niño que al inicio del tratamiento estaba inhibido para jugar. En el cuarto mes de tratamiento, comenzó a jugar con agua en el lavabo, inundando la sala. Con el tiempo, introdujo en el juego una pantalla de lámpara, que mojaba y luego protegía. Para Rodrigué, al comienzo del tratamiento, Raúl tenía un objeto ideal interno no asimilado. En sus palabras, no había “tráfico afectivo”. Al disminuir la ansiedad persecutoria, el niño pudo externalizar el pecho idealizado y su anhelo por él (es decir, lo proyectó y encarnó en un objeto externo “adecuado”). El lavabo era un símbolo icónico del pecho. Más adelante en el tratamiento, repitió el juego, pero con diferentes tonos afectivos. Rodrigué enfatiza el cuidado y la preocupación por un objeto en contraste con los sentimientos de culpa y tristeza resultantes del temor a haberlo dañado (ansiedades depresivas). Ahora existe un vínculo intenso con un objeto específico: “de esta experiencia depresiva emerge un símbolo claro y nítido” (p. 100). Se produce una transformación simbólica resultante de la experiencia con el objeto: del lavabo (símbolo ecuación, réplica del objeto) a la pantalla de lámpara (símbolo representativo). El proceso descrito, ilustrado y explicado se originó a partir del trabajo con un niño gravemente enfermo, y corresponde a la instalación o recuperación de la posibilidad de simbolizar en el marco terapéutico. Siguiendo la comprensión kleiniana, Rodrigué considera la simbolización –al igual que otros aspectos del desarrollo– como un intento de lidiar con la angustia; por lo tanto, como un proceso defensivo y no como un proceso del desarrollo normal. Considera que las diferentes formas de simbolismo corresponden a distintas organizaciones psíquicas; por ejemplo, el simbolismo representativo con el proceso secundario y la posición depresiva, y el simbolismo de lo que más tarde se denominaría
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