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V. Bd. Ruggero Levy (Brasil) En “De la simbolización a la no-simbolización en el marco de un vínculo: de los sueños a los gritos de terror causados por una presencia ausente”, Levy (2012) ha enriquecido la comprensión del proceso de simbolización y también de sus fallas. Fuertemente influenciado por Bion, y haciendo referencia también a Winnicott y Green, Levy utiliza el modelo bioniano de la relación temprana madre-bebé de la Contención: continente-contenido (ver la entrada CONTENCIÓN: CONTINENTE- CONTENIDO). En esta relación, el bebé introyecta el aparato de función alfa de la madre. Es este aparato el que permite al sujeto entrar en contacto con su vida emocional y poder transformar las emociones en elementos alfa. Para Levy, la formación de símbolos representa la “verdad” de la experiencia emocional ; explora “qué ocurre cuando esta ‘verdad’ necesita ser distorsionada, atacada o destruida a causa del dolor psíquico asociado a ella o por el significado insoportable que conlleva.” En este contexto, teoriza diversas situaciones en las que la formación de símbolos es interferida por elementos beta –emociones primitivas que no pueden transformarse en elementos alfa. En tales situaciones, no hay formación de símbolos, o bien se produce la destrucción de símbolos ya creados. Se refiere a estos fenómenos respectivamente como “no-símbolos” y “de-simbolización”. Las fallas más importantes en el desarrollo psíquico son causadas por ataques a la función alfa que surgen de la envidia, la cual, a su vez, se basa en la pulsión de muerte. Cuando la transformación en elementos alfa no es posible y las emociones primitivas no pueden ser simbolizadas, estas tampoco pueden ser reprimidas ni olvidadas: “solo a través de su simbolización pueden estas intensas emociones ser insertadas en la cadena simbólica y ser elaboradas, luego reprimidas y posteriormente ‘olvidadas’” (p. 856). Tanto los no-símbolos como la de-simbolización se encuentran en los pacientes más severos, tal como los describe Green bajo el concepto del trabajo de lo negativo. La ensoñación de la pareja analítica permite la simbolización de las intensas emociones presentes en el campo analítico, haciendo posible la transformación en elementos alfa. En su trabajo anterior, Levy (2007) describe un enfoque específico de la adolescencia y el proceso de subjetivación que esta exige. Estudia la adolescencia desde múltiples ángulos, centrándose en el narcisismo y en el hecho de que en esta etapa de la vida tiene lugar un reordenamiento simbólico: “un doloroso proceso de de- construcción y re-construcción de un sistema de representaciones, hacia la emergencia de una nueva subjetividad en el universo simbólico del sujeto” (p. 365). El cuerpo adolescente exige un gran trabajo de la psique para asimilar lo “extraño” de sí mismo y de la mirada de los otros. El reordenamiento simbólico permite al adolescente dejar atrás la angustia de aniquilación resultante de la amenaza al sí mismo. El fracaso en esta experiencia de subjetivación daría lugar a una adolescencia traumática.
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