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esbozado una teoría sobre la genealogía de las representaciones psíquicas. Aulagnier propone establecer una distinción entre lo que denomina la representación de la fantasía primaria inconsciente y una forma precedente de representación, a la que llama pictogramas, vinculándola con lo primordial, es decir, la psique primordial. Se refiere a los pictogramas como la forma permanente de las representaciones, que desafía al lenguaje y utiliza imágenes de cosas físicas como su material exclusivo. Fue el discurso de los psicóticos lo que la llevó a la hipótesis sobre una forma de actividad psíquica “forcluida de lo cognoscible, siempre y para todo sujeto, y sin embargo siempre en acción, un fondo representativo que persiste de manera paralela a otros dos tipos de producción psíquica: el propio del proceso primario y el propio del proceso secundario” (Aulagnier 1975, p. XXIX). También puede ser relevante señalar que una de las primeras contribuciones que registran los términos “pictograma” e “ideograma” en la prensa psicoanalítica fueron realizadas por el filólogo psicoanalista Joe Sunguam (1924), quien estudió las etapas de evolución de una escritura sumeria antigua. Escribió: “Contiene, en primer lugar, el pictograma, seguido del ideograma y el fonograma” (p. 263). Al desarrollar sus ideas sobre “una estructura psíquica del lenguaje” (p. 276), observó que “cuando se compara la estructura psíquica del lenguaje escrito sumerio con la del chino, uno queda impresionado de inmediato por el hecho de que los procesos de pensamiento de los letrados chinos eran de un tipo mucho más exacto y preciso. Hay un grado de claridad y una ausencia de ambigüedad en una página de escritura china que golpea al observador con una viveza asombrosa” (ibid., p. 276). V. Be. Myrta Casas de Pereda (Uruguay) La analista lacaniana Casas de Pereda, en su artículo “La investigación en psicoanálisis” (1996), define la simbolización como: un “proceso y producción que tiene al sujeto en su división como meta” (p. 1). Conceptualiza la simbolización como un proceso que ocurre en diferentes grados y en dos niveles. En el primer nivel coexiste con la represión, la cual a su vez requiere de la triangulación e incluye la prohibición superyoica del incesto. El segundo nivel remite a la dimensión narcisista (imaginaria): “un trabajo de simbolización en torno a la presencia-ausencia (en una relación binaria) donde podrían combinarse contigüidades o similitudes metonímicas” (p. 2). La simbolización puede valerse tanto de la represión primaria como de la secundaria, y puede también emplear defensas narcisistas como la negación, la representación por lo contrario y la vuelta contra el propio sí mismo. Casas de Pereda ilustra su teoría de la simbolización con dos viñetas de su práctica clínica como analista de niños: un paciente de 5 años, en medio de una angustia desorganizadora, le explica a su analista que no podía dibujar la lluvia porque el papel podría mojarse. Para ella, este niño psicótico, que funcionaba en un nivel concreto, no
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