Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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había alcanzado ningún nivel de simbolización. Otro ejemplo es el de una niña de 2 años y 8 meses que jugaba con un amigo imaginario. Este juego, que surge poco después de cambios abruptos en su vida –una mudanza y el aborto espontáneo de su madre– se volvió esencial. Para su analista, este amigo imaginario es la creación de la niña para sustituir a la madre ausente y hacer frente a lo desconocido. El juego ilustra un proceso de simbolización en torno a la presencia-ausencia. En su artículo “El desamparo de la pérdida de amor: acerca de la ausencia de amor en la infancia” (2018), describe la depresión en la infancia a partir del desamparo psíquico, cuando resulta difícil contar con la capacidad de simbolizar/pensar/verbalizar (p. 23). Asimismo, subraya la importancia de “la función simbólica ejercida por la madre” (p. 12). V. Bf. Marcelo Viñar (Uruguay) Marcelo Viñar (2007) ha realizado dos contribuciones centrales al tema de la simbolización. La primera –una contribución teórica– sostiene que simbolizar tiene que ver con la creación favorecida por la ausencia y la pérdida; entre la percepción y el conocimiento existe un intervalo que ordena los datos de lo percibido y crea significados, no solo con la realidad material sino también con las realidades creadas por los símbolos. Viñar considera definitoria de la naturaleza humana la capacidad de construir y reconstruir algo que no está presente y transformarlo en algo que sí está presente en la conciencia. Especifica también la diferencia entre la simbolización lograda y el uso de la ecuación simbólica (2007, pp. 78-79). Mientras que el símbolo transforma el objeto, la ecuación simbólica lo reitera y no escapa a su existencia concreta. En el intervalo entre sujeto y símbolo hay una creación; en la ecuación simbólica, en cambio, hay condensación y coincidencia. Su segunda contribución presenta una modificación técnica respecto del inicio del análisis de pacientes con fallas en la simbolización. Viñar estudió específicamente a adolescentes límite para quienes el lenguaje no tiene un valor comunicativo, lo que dificulta el contacto con ellos dado que no buscan el diálogo ni responden a las propuestas de hablar. En cambio, el lenguaje es utilizado para evacuar (las palabras son tratadas como heces). En estos casos, el trabajo del analista no consiste en disminuir el intervalo entre lo latente y lo manifiesto, sino en avanzar desde lo informe, lo irrepresentable, hacia formas primarias de protorepresentación. Aquí, el analista apunta a crear –en términos winnicottianos– un área intermedia, en lugar de recurrir a la interpretación clásica. Viñar compara este enfoque con el trabajo del etnólogo, ya que el analista debe estudiar lo desconocido, descubrirlo y, de este modo, co-crear significados junto con sus pacientes.

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