Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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V. Bg. Víctor Guerra (Uruguay) En su artículo “Ritmo, mirada, palabra y juego: hilos que danzan en el proceso de simbolización” (Guerra 2014), el autor afirma que el proceso de simbolización es fundamental para que el ser humano se constituya como sujeto. Tiene una base fundacional en la dialéctica presencia-ausencia, compuesta por tres elementos: la presencia, el guion y la ausencia. Se requiere una presencia inicial del otro –con el desarrollo pulsional erógeno, señala– para que la ausencia pueda ser tolerada a través del trabajo de re-presentación: “volver a hacer presente (a nivel intrapsíquico) al objeto de la pulsión cuando está ausente perceptivamente” (p. 74). Considera que el guion en la dialéctica presencia-ausencia es paradójico: en la medida en que une y separa al mismo tiempo, “se ubica” entremedio. El ritmo desempeña un papel fundamental en la dialéctica entre el bebé y quien busca acercarse a él. Hay un “encuentro de mirada, la voz, el cuerpo, el movimiento…” que “ponen en juego elementos rítmicos que pautan sensiblemente el encuentro y el desencuentro” (p. 79). El ritmo incluye lo predecible y también lo impredecible, los fenómenos sorpresivos; es decir, la continuidad y la discontinuidad. Se desarrolla “un circuito de co-escritura asimétrica entre el bebé y su cuidador”. Guerra describe los “Seis caminos de sentido” del concepto de simbolización: 1. Relación con un deseo de separación. Forma parte de la historia del devenir sujeto, porque el sujeto solo puede constituirse al separarse del otro. 2. El interjuego entre la presencia y la ausencia . Es la presencia de un objeto concreto combinada con el recuerdo de la ausencia de un objeto investido. 3. El empleo de la agresividad para operar un corte, una ruptura . Guerra lo considera una metáfora válida de la constitución subjetiva: sin el empleo de cierta agresividad, no puede lograrse la separación del otro. (Esta idea se basa en el concepto de la pulsión de muerte como desagregativa de Green, 1999, p. 185.) 4. El corte del objeto implica ya una división del objeto mismo y es también una división de los espacios (tópicos) (p. 86). 5. La simbolización no es posible sin una experiencia de separación- desplazamiento en el espacio. La metaforización –el desplazamiento de una cosa en otra– es el eje de las múltiples sustituciones que constituyen la base de la simbolización. 6. La utilización de un “ objeto concreto ” como testigo de una relación (p. 87). A partir de estos puntos, Guerra describe el juego del fort-da del nieto de Freud (Freud 1920, pp. 13-17, citado más arriba) como una experiencia que simboliza el entrelazamiento de cuatro figuras fundamentales para la creación de la vida psíquica: “el ritmo, la mirada, la palabra y el juego” (p. 90), y se pregunta: “¿puede el bebé realizar un trabajo de elaboración intrapsíquica en ausencia del objeto, sin antes haber transitado alguna forma de encuentro intersubjetivo ‘en presencia simbolizante’?” (p. 89). Esta descripción se apoya en los comentarios de Winnicott, que Guerra reporta así:

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