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“ El juego del cobró valor de mensaje dirigido a un otro que pudiera hacer un trabajo de ligazón, traducción en presencia. Pasaje del acto corporal a un símbolo lúdico mediado por la atención psíquica y la palabra [del analista]” (p. 91, énfasis en el original); “ La palabra y la mirada del otro pasan a ser elementos fundamentales para que acontezca el trabajo representacional del ‘como si’ y de la simbolización ” (p. 93, énfasis en el original). Citando a Guerra: “A lo largo de esta ‘representación’ se irá conformando un tejido tenue, contradictorio, policromático, cambiante y maleable que justamente le concederá el nombre a la ‘obra’: ‘proceso de simbolización’” (p. 94). Más recientemente, Guerra, en su libro (2020) y película “Del encuentro de miradas al placer de jugar juntos”, se centra en las protosimbolizaciones tempranas que ocurren durante la etapa del infans en la relación padres-hijo y culminan con un sujeto hablante capaz de hablar en primera persona del singular. V. Bh. Emma Ponde de León (Uruguay) Ponce de León (Ponce de León, Bernardi, Gutiérrez-Sánchez 2016) describe la constitución psíquica subjetiva como un modelo de simbolización que tiene lugar entre dos polos: el cuerpo y una relación transformadora y contenedora de cualidad “simbolizante”. Concibe la simbolización como un proceso progresivo que ocurre en el marco de las relaciones intersubjetivas, construido sobre niveles sucesivos que van desde el cuerpo hasta el lenguaje. Dado que en su teorización recurre a fuentes multidisciplinarias y propone un enfoque clínico multidisciplinario, su contribución se describe con mayor detalle en la sección Interdisciplinaria más adelante. V. Bi. Inga Villarreal (Colombia) Villarreal (1991) realizó dos contribuciones principales: la primera se centra en el contexto clínico (lo que se espera del analista que trabaja con pacientes con fallas en el proceso de simbolización); la segunda, en el contexto de la supervisión. En su artículo “Construcciones en análisis” (1991), escribe que el analista debe contener los elementos diseminados del paciente (o los elementos beta de Bion), para que el paciente pueda vivir la experiencia integradora con otro: pensar en él o ella, para que pueda pensar en sí mismo; sentirlo o sentirla, para que pueda sentirse a sí mismo. Describe cómo el analista –como en la ensoñación ( reverie )– construye a su paciente en su mente y pone su propia psique a disposición de su analizado. No se trata solo de su actividad intelectual –tal como Freud pudiera haberla concebido–, sino que incluye el mundo afectivo del analista y su capacidad de percibir, sentir y elaborar sus sentimientos. Esto lo concibe como dar (al paciente) un lugar en su propio mundo psíquico. En desarrollos posteriores, Villarreal agrega que el analista ofrece a su paciente todo su mundo simbólico (influido por el zeitgeist ; su mundo cultural ya internalizado), tal como lo
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