Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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impotencia ante la muerte de la otra, una rabia e impotencia que habían sido reavivadas en su compleja vida doméstica en los meses previos a la pintura del “Guernica”. El “Guernica”, argumenta Alford, “se convierte entonces en una obra aún más rica, que adquiere su poder de la manera en que combina lo privado y lo público. En el pueblo que fue Guernica –que ya era un símbolo– Picasso vertió su propio Guernica sísmico, creando el cuadro Guernica. Así es como los símbolos adquieren significado: …nos llenamos de nosotros mismos en ellos. Solo el artista va un paso más allá, transformando la conjunción de lo personal y lo social en un nuevo símbolo cultural” (1999, p. 46). Alford considera que la distancia (y quizás la ambigüedad) es necesaria para que los símbolos cumplan su función de sostén y contención. El canon de las tragedias griegas prohibía representar la violencia en escena. Solo podían mostrarse sus resultados. La catarsis del terror y la piedad –así define Aristóteles la tragedia ( Poética , c6)– requiere imágenes interiorizables de la perdición para dar forma contenedora a la propia. VI. Ab. El arte como juego recíproco y multisimbólico Gilbert Rose (1999) sostiene que los artistas poseen la capacidad especial de simbolizar simultáneamente nuestros dos modos de aprehender la realidad, que corresponden esencialmente a los modos de sentir, pensar y percibir propios del proceso primario y del proceso secundario. El énfasis recae en el juego recíproco y en el desarrollo y fortalecimiento mutuos. Si bien muchos otros autores señalan este punto de manera implícita en sus escritos sobre las artes literarias y visuales (Blum 2011, 2012, 2013; Chessick 2001; Wilson 2003; Papiasvili 2020), para Rose el foco es la naturaleza misma de ese juego recíproco y simbólico. Según este autor, la doble orientación del arte se materializa en las tensiones y equilibrios de la forma pictórica en sí misma, la cual destila y congela la experiencia psicológica fluida del artista. El arte promueve de manera segura una mayor autoconciencia, favorece la reconciliación entre las representaciones primitivas y maduras del sí mismo y el objeto y, al proporcionar un canal para la repetición y la reexperiencia simbólicas, continúa una función biológica de la maternidad temprana. Su presencia sostenedora y su contención de una tensión y liberación confiablemente equilibradas estimulan la acumulación de afectos con una intensidad modulada, permitiendo así que estos continúen diferenciándose. Eva Papiasvili y Linda Mayers se basan en numerosos relatos históricos sobre producciones creativas que surgieron por primera vez como símbolos visuales en sueños (Asimov 1982), así como en escritos psicoanalíticos que atribuyen a los sueños un valor especial en la génesis de la creatividad (Freud 1900; Noy 1979) en su estudio interdisciplinario psicoanalítico y del desarrollo sobre los procesos simbólicos, titulado “De los sueños a la creatividad” (2012/2014). En el marco de su indagación más amplia

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