camino al desastre
como parte de la persecución que todos enfrentan cuando se entregan al ministerio del evangelio. Ahora, las raíces de esto son un serio malentendido de lo que son el pecado y la gracia. Verás, el pecado no es primero un problema intelectual. (Sí, sí afecta mi intelecto, como lo hace con todas las áreas de mi funcionamien- to). Pero, el pecado es primero un problema moral. Se trata de mi rebelión contra Dios y de mi búsqueda para obtener para mí mismo la gloria que es Suya. El pecado no se trata primero de la infracción de cualquier conjunto abstracto de reglas. El pecado se trata primero, y, antes que nada, de romper mi relación con Dios y porque he roto esta relación, entonces es fácil y natural rebelarme contra las re- glas de Dios. Así que no solo es mi mente la que tiene que ser renovada por una enseñanza bíblica sana, sino que la poderosa gracia del Señor Jesucristo tiene que recuperar mi corazón. La recuperación de mi corazón es tanto un evento (justificación) como un proceso (santificación). El seminario, por lo tanto, no resolverá mi problema más serio: el pecado. Puede contribuir a la solución, pero también me puede cegar a mi verdadera condi- ción por su tendencia a redefinir lo que en realidad se parece a la madurez. La madurez bíblica nunca se trata solo de lo que sabes; siempre se trata de cómo la gracia ha usado lo que has llegado a saber para transformar la manera en la que vives. Piensa en Adán y Eva. No desobedecieron a Dios porque fue- ran intelectualmente ignorantes de los mandamientos de Dios. No, ellos deliberadamente pasaron por encima de los límites de Dios porque buscaron el lugar de Dios. La guerra espiritual del Edén se peleó sobre el césped de los deseos de los corazones de Adán y Eva. La batalla se estaba peleando en un ámbito más profundo que el mero conocimiento. Considera a David. No
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