llamado peligroso
2. Dejé que la enseñanza bíblica y el conocimiento teológico definieran mi madurez Esto no está desligado del punto anterior, pero es suficiente para crear una categoría diferente que requiere su propia atención. En el ministerio es bastante fácil ceder a una redefinición sutil pero importante de lo que la madurez espiritual es y hace. Esta defi- nición tiene sus raíces en cómo pensamos acerca de lo que es el pecado y lo que el pecado hace. Creo que muchos, muchos pas- tores llevan a sus ministerios pastorales una definición falsa de la madurez, que es el resultado de la culturización académica que tiende a llevarse a cabo en el seminario. Permíteme explicarlo. Ya que el seminario tiene la tendencia a reducir la fe a un rígido sistema de preceptos y reglas o, lo que es lo mismo, a academizar la fe, haciéndola un mundo de ideas que tiene que ser dominado (hablaré sobre esto con todo detalle más adelante en este libro), a los estudiantes les es demasiado fácil apoyar in- condicionalmente la creencia de que la madurez bíblica se trata de la precisión del conocimiento teológico y de la perfección de su enseñanza bíblica. Por esta razón los graduados del seminario, que son expertos en la Biblia y en teología, tienen la tendencia a pensar que son maduros. Pero debe decirse que la madurez no es solo algo que haces con tu mente (aunque este es un elemento importante de la madurez espiritual). No, la madurez se trata de cómo vives tu vida. Es posible ser teológicamente astuto y a la vez muy inmaduro. Es posible ser bíblicamente culto y tener una importante necesidad de crecimiento espiritual. Me gradué con honores en el seminario. Gané premios aca- démicos. Supuse que era maduro y cualquiera que no compartía mi apreciación me hacía sentir incomprendido y pensaba que me juzgaba mal. De hecho, vi esos momentos de confrontación
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