mi laboratorio de la UCR: el 70 % son roedores peque - ños y medianos (ratas de es- pino, agutíes y tepescuint- les); el 15 %, aves terrestres (chachalacas, palomas); el 10 %, reptiles (iguanas, la - gartijas). El resto incluye in - sectos grandes y, de forma ocasional, frutos. Un ocelote puede consumir hasta qui- nientos roedores al año, lo que lo convierte en un con- trolador de plagas invaluable para los agricultores. Caza al anochecer, caminando en cámara lenta, dando saltos de menos de un metro. Nunca persigue: todo se decide en medio segundo. Estado de conservación: vulnerable, no en peligro global
Aclaremos: a nivel mundial, la UICN lo cataloga como «preocupación menor». Hay cientos de miles de ocelotes en la Amazonía. Pero en Costa Rica la historia es distin - ta. Nuestro país perdió el 75 % de su bosque original y, aunque hoy tenemos más del 52 % de cobertura, este se encuentra fragmentado. Por eso el SINAC clasifica al oce - lote como vulnerable (VU). No por escasez de individuos estimamos entre cinco mil y ocho mil en el país, sino por el aislamiento genético. En el Valle Central, poblaciones separadas por apenas veinte kilómetros de carretera ya muestran signos de endogamia: colas torcidas, cráneos deformes. Además, persiste la caza por represalia: gana - deros matan ocelotes cuando atacan gallineros, aunque los estudios demuestran que rara vez se llevan becerros sanos. Protección: lo que sí funciona en el campo Después de doce años de trabajo, he visto estrategias efectivas: Corredores biológicos: reforestar franjas de cincuenta metros a lo largo de quebradas con especies nativas como guácimo y guarumo. En el Corredor Ruta de los Felinos (Arenal-Palo Verde),
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