camino al desastre
1. Dejé que el ministerio definiera mi identidad Esto es algo de lo que he escrito antes, pero pienso que es parti- cularmente importante que quien está en el ministerio lo entien- da. Siempre lo digo de esta manera: “Nadie es más influyente en tu vida que tú mismo, porque nadie te habla más que tú mismo”. Ya sea que te des cuenta o no, estás en una conversa- ción constante contigo mismo, y las cosas que te dices acerca de ti le dan forma a la manera en la que vives. Constantemente te estás hablando de tu identidad, espiritualidad, funcionalidad, emotividad, mentalidad, personalidad, relaciones, etc. Constan- temente te estás predicando alguna clase de evangelio. Te pre- dicas un anti evangelio de tu propia justicia, poder y sabiduría o te predicas el verdadero evangelio de una profunda necesidad espiritual y gracia suficiente. Te predicas un anti evangelio de soledad e incapacidad o te predicas el verdadero evangelio de la presencia, provisión y poder de un Cristo omnipresente. En esta conversación interna está lo que te dices acerca de tu identidad. Los seres humanos siempre se están asignando alguna clase de identidad, y al hacerlo, existen dos lugares donde buscar. Obtendrás tu identidad verticalmente, de quién eres en Cristo, o la comprarás horizontalmente en las situaciones, experiencias y relaciones de tu vida diaria. Esto es cierto para todos, pero estoy convencido de que obtener nuestra identidad de manera horizon- tal es una tentación concreta para los que están en el ministerio. Parte de por qué estaba tan ciego a la enorme falta de conexión que existía entre lo que estaba sucediendo en mi vida ministerial pública y mi vida familiar privada era el tema de la identidad. El ministerio había llegado a ser mi identidad. No pensaba de mí como un hijo de Dios que tenía una necesidad diaria de la gracia, en medio de mi propia santificación, todavía en lucha con
22
Made with FlippingBook - Online catalogs