camino al desastre
con Dios. La adoración sensible y sincera es difícil para una per- sona que piensa de sí misma como alguien que ya ha obtenido el éxito. Nadie festeja la presencia y la gracia del Señor Jesucristo más que aquel que ha reconocido su necesidad desesperada y diaria de Él. Pero el ministerio me había redefinido. Hoy en- cuentro vergonzosas las formas en las que me dije que no era como todos los demás, que existía en una categoría única. Y si no era como todos los demás, entonces no necesitaba lo que todos los demás necesitaban. Ahora bien, si en esa época me hubieras dicho que me sentara y me hubieras hablado todo esto de forma directa, te hubiera dicho que era un montón de tonterías; pues así era como actuaba y me relacionaba. Sé que no estoy solo. Hay muchos pastores que se han meti- do en una categoría espiritual que no existe. Como yo, piensan que son alguien que no son. Así que responden como no de- berían y desarrollan hábitos que son espiritualmente peligrosos. Están contentos con una vida devocional que, o no existe, o que es constantemente secuestrada por la preparación. Están cómo- dos con vivir fuera del cuerpo de Cristo o por encima de él. Están listos para ministrar, pero no están muy abiertos a que se les ministre. Hace mucho que dejaron de verse con exactitud y, por esta razón, tienen la tendencia a no recibir bien la amorosa confrontación de los demás. Y tienden a llevarse a casa con ellos esta categoría única de la identidad y no son para nada humildes y pacientes con sus familias. La identidad falsa que muchos nos hemos asignado, estruc- tura cómo vemos a los demás y cómo les respondemos. Eres más amoroso, paciente, amable y misericordioso cuando eres cons- ciente de que no existe una verdad que le puedas dar a otro que tú mismo no necesites con desesperación. Eres más humilde y
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